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¿Cual es tu historia? ¿Cuál tu tristeza? Los jueves son días de documentales. Llegas un poco tarde pero llegas sin falta. Los viernes son días de cine independiente. Ya no vienes. Pero los domingos sueles venir ocasionalmente; acaso porque una vez la encontraste sentada en la primera fila con esas gafas de inimaginable medida y con el cabello a duras penas recogido, casi como si recién hubiese despertado, casi como después de haberle hecho el amor en el momento preciso y en el lugar menos indicado. Te sentaste tres sitios detrás de ella tan sólo para observarle el cuello y forzar tu sentido de olfato. Adivinanzas y acertijos se te ocurrían durante la función y deseabas poder susurrarle alguno de ellos al oído. Dos veces ella volteó el rostro sin saber exactamente qué buscar o qué ver. No notó tu presencia pero tu sí estudiaste ese movimiento de su cuello, la intuición femenina, la duda, la curiosidad de un felino que de tantas vidas no muere. Cual era su historia, cual eran sus sueños no lo sabías. Sabías que con ella algo tendrías, que detrás de esas gafas estaba la chica que seguramente alumbraría algunos de tus días. Lo sabías. Sólo algunos. Efímera compañía.
Ella se viste frente a ti y ya no sonríe como los primeros días. Efímero fuiste tú para ella. Ni detrás de sus gafas alguna lágrima tímida se esconde. No se le aflige el pecho y por eso, sin dificultades, ella supo decirte adiós. Los destellos de recuerdos te azotan en un desmedro de nunca acabar. Reconoces en tu sorpresa que no había tiempo definido para ella. Que lo pensaste, que lo quisiste. Sin embargo, tiempo fuera. No más el desliz de un aroma que recorre un cabello que se va soltando. No más el narcótico después del amor. De hacer el amor, tan sólo con ella.
¿Cuál es tu historia? ¿Cuál tu tristeza?
Sentado en la misma butaca, esperas. No hablas con nadie.
Ella se viste frente a ti y ya no sonríe como los primeros días. Efímero fuiste tú para ella. Ni detrás de sus gafas alguna lágrima tímida se esconde. No se le aflige el pecho y por eso, sin dificultades, ella supo decirte adiós. Los destellos de recuerdos te azotan en un desmedro de nunca acabar. Reconoces en tu sorpresa que no había tiempo definido para ella. Que lo pensaste, que lo quisiste. Sin embargo, tiempo fuera. No más el desliz de un aroma que recorre un cabello que se va soltando. No más el narcótico después del amor. De hacer el amor, tan sólo con ella.
¿Cuál es tu historia? ¿Cuál tu tristeza?
Sentado en la misma butaca, esperas. No hablas con nadie.
Tan solo (la) esperas.