martes, 8 de enero de 2008

+ un enano en crack +

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Tenía toda la plata del mundo y se decía que respiraba otros aires por altivo en carácter y alto en estatura. Un buen día en un callejón de la Calle Pared lo acorralaron y le robaron todo lo que tenía. Andó quince cuadras en calzoncillos con más de trescientos pares de ojos mirándole el miembro y burlándose a sus espaldas y por qué no, en su cara y pecho. La humillación lo terminó por asfixiar y perdió el conocimiento a dos cuadras de un lujoso hotel en el que se alojaba. Pensó que al día siguiente despertaría en un cuarto desconocido pero cálido al menos. Y grande fue su error al ver que aún yacía tirado en el suelo: ahora sin calzoncillos y con la gente caminando a su lado como si fuera un común pordiosero. Y nuestro hombre altivo no sabía de qué estaba hecho el mundo y no sabía en que dimensión desconocida había ido a parar. Y una niña de cabellera negra saltó sobre su pecho y gritaba mamá mamá, esto es muy amusant. Y los zapatitos de charol le abrían pequeñas heridas entre los pectorales. Y la carne viva se infectaba de la suela de sus zapatos. Y el hombre altivo la empujó de golpe y todos de pronto frenaron el paso. Lo golpearon. Cerró los ojos y volvió a morir.

Despertó. Esta vez estaba dentro de una habitación blanca, probablemente dentro de un hospital. En su cuerpo entero tenía escrita la palabra "vegetal". De sus venas salían tubos que lo proveían de almidón. ¿Almidón? ¿Qué lugar es este? ¿En qué lugar estoy? Y la piel se le puso roja. Atizado con el mundo pensó que con sus billetes mataría a cada uno de los responsables. Y frente a un juez se quedó en silencio y sin estribos cuando su acusado había sido él mismo. Él mismo. Y esta vez se vio un tanto pequeño rezongando a las órdenes de una Blanca Nieves propia de 1929. Esa Blanca Nieves que resultaba ser capitalista y que había hecho de él una aplastante zapatilla karmáticamente revertida. Karmáticamente revertida, sí, en esta su ridícula pesadilla.