
Y el huracán se la llevó de encuentro arrebatándole el corazón y dejando estragos a su alrededor. Desolación. Sus pupilas habían perdido color como diamantes marchitos y la única ilusión escondida tras rayos verdosos de un iris marrón ahora yacía perdida en retinas de frágil cristal. Vacío. No hay imágenes dulces que recordar ni escenas vivas que capturar. Y como mariposas sus sentimientos se escapan al cielo y llora sin dolor ya sin saber por qué. La diligencia con la que el huracán se despidió revoloteando su cabellera y atormentándole con pérdidas la dejaron hecha mujer de grietas. Y son fisuras que sólo un curandero que aún desconoce logrará cerrar. Y luego ella niega estas palabras. Me sujeta de las muñecas y me atraviesa con esa mirada desencantada. Y es que ella es una dama de guerra y sabe ponerse de pie. Aún con el cabello revuelto y el cuerpo hecho trizas, ella sabe ponerse de pie.